# Consejos para corregir la conducta agresiva en los menores

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- Published: 2021-09-14T01:27:30+00:00
- Author: alquimedezhemo

### Son muchas las ocasiones en las que el comportamiento de su hijo le llena el corazón de calidez y cariño. Pero hay otras en las que, probablemente, lo enloquezca un poco

Por ser un niño pequeño o en edad preescolar, su hijo carece de autocontrol para
expresar su enojo con tranquilidad y es probable y natural que ataque, golpee o 
muerda por frustración.

Si bien los arrebatos son normales, en especial durante los berrinches, hay cosas
que puede hacer para moldear el comportamiento de su hijo.

Enséñele las reglas de la casa. Los niños no conocen las reglas de la casa hasta
que se le enseñan, por lo que esto es una de sus responsabilidades importantes en
la crianza. Es habitual que los niños pequeños estén interesados en tocar y explorar,
por lo que si hay cosas valiosas que usted no quiere que toquen, escóndalas o quítelas
de donde estén. Piense en la posibilidad de organizar un espacio en su casa donde
su hijo pueda jugar con libros y juguetes. Siempre que el niño no obedezca una regla
importante, hay que amonestarlo de inmediato para que entienda exactamente qué es
lo que hizo mal.

Las amenazas están sobrevaloradas. Siempre es más eficaz reforzar de manera positiva
las conductas deseadas y enseñar a los niños conductas alternativas en vez de tan
solo decir “Deja eso o ya verás”.  Dígales que la próxima vez que estén enojados,
deberán usar sus palabras.

Presente distracciones saludables. A la vez que enseña a su hijo a responder de 
otras maneras, no hay nada de malo en distraerlo a veces o probar otro método. Siempre
y cuando no lo esté “sobornando” para que se comporte de otra manera ofreciéndole
dulces. Por ejemplo, no hay nada de malo con cambiar intencionalmente su foco de
atención.

“Contrólate”.  Bueno, todavía no puede. Recuerde que los niños pequeños, por naturaleza,
tienen poco autocontrol. Necesitan que les enseñen a no patear, golpear o morder
cuando están enojados, sino a expresar sus sentimientos con palabras.

“No tenemos que lastimarnos”.  Supervise a su hijo con atención cuando esté discutiendo
con sus compañeros de juego. Si el conflicto es leve, mantenga su distancia y permita
que los niños lo resuelvan solos. No obstante, debe intervenir cuando los niños 
se involucran en una pelea física que sigue aún después de que les dice que se detengan
o cuando un niño parece tener una ira incontrolable y está agrediendo o mordiendo
al otro. Separe a los niños y manténgalos así hasta que se hayan tranquilizado. 
Si la pelea fuera demasiado violenta, tal vez tenga que dar por terminada la sesión
de juego. Deje en claro que no importa quién “empezó”.  Intentar lastimarse no tiene
excusa.

Alternativas a la pelea. Enseñe a su hijo a decir “no” en un tono de voz firme, 
a dar la espalda o a buscar llegar a un acuerdo en vez de pelear físicamente. A 
través del ejemplo le está enseñando a su hijo a resolver las discrepancias con 
palabras, de manera más eficaz y civilizada, en vez de usar la violencia física.

“¡Bien hecho!”  Elogie a su hijo cuando su comportamiento es adecuado y explíquele
cómo se está comportando como una persona “grande” siempre que aplica estas tácticas
en vez de pegar, patear o morder. Y siempre reafirme y elogie las conductas cuando
vea a su hijo ser amable y gentil.

Las pausas obligadas están bien. Tampoco hay nada de malo en poner a su hijo en 
una pausa obligada cuando se porte mal; estas pausas pueden usarse en niños desde
el primer año.  Controle su propio carácter. Esté siempre atento a su propia conducta
cuando esté cerca de su hijo. Una de las mejores maneras de enseñarle el comportamiento
adecuado es controlando su propio carácter. Si usted expresa su enojo con tranquilidad
y discreción, es probable que su hijo siga su ejemplo.

Manténgase firme. Si debe disciplinar a su hijo, no se sienta culpable; y no se 
disculpe bajo ninguna circunstancia. Si su hijo percibe sus sentimientos encontrados,
se convencerá de que lo que hizo estuvo bien y que usted es el “malo”. Aunque disciplinar
a un hijo nunca es agradable, es una parte necesaria de la crianza y no hay razón
para sentirse culpable. Es preciso que su hijo entienda cuando está equivocado; 
es importante que asuma la responsabilidad de sus actos y que esté dispuesto a aceptar
las consecuencias.
